Análisis del sector juguetero
Cuando un influencer recibe una compensación económica, productos gratuitos o cualquier otra contraprestación por hablar de un juguete, ese contenido pasa a ser publicidad y debe cumplir la normativa vigente. En un sector especialmente sensible por dirigirse a menores, la transparencia deja de ser una buena práctica para convertirse en una obligación.
España cuenta con uno de los marcos de autorregulación más exigentes de Europa. Al Código de Autorregulación de la Publicidad Infantil de Juguetes, en vigor desde diciembre de 2022, se suma el Código de Conducta sobre el uso de Influencers en la Publicidad, promovido por AUTOCONTROL, la Asociación Española de Anunciantes (AEA) e IAB Spain, actualizado en octubre de 2025 para adaptarse a la evolución de las plataformas digitales y a la normativa europea.
Su principal exigencia es clara: el usuario debe identificar de forma inmediata que está ante un contenido publicitario. Etiquetas como #Publicidad o #Publi deben aparecer de forma visible desde el inicio de la publicación, evitando fórmulas ambiguas que puedan inducir a confusión. Además, el Código refuerza la responsabilidad compartida entre anunciantes, agencias e influencers, por lo que todos los participantes deben garantizar el cumplimiento de las normas.
Y, por lo que respecta al sector juguetero, a estas obligaciones se suman las previstas en el Código de Autorregulación de la Publicidad Infantil de Juguetes. No basta con identificar correctamente la colaboración comercial; también es imprescindible que el contenido no induzca a error sobre las características del producto, refleje fielmente el juguete, incluya la información necesaria cuando proceda y evite generar expectativas irreales o presión de compra entre los menores.
Para las marcas, el mensaje es claro: trabajar con creadores de contenido exige establecer directrices precisas, supervisar las colaboraciones y comprobar que cumplen tanto la normativa específica del sector como las reglas generales de publicidad digital. La responsabilidad ya no recae únicamente en el influencer, sino también en el anunciante que impulsa la campaña.
En un entorno donde las recomendaciones en redes sociales influyen cada vez más en las decisiones de compra de las familias, la publicidad responsable constituye un elemento de confianza. Cumplir la normativa no solo protege al consumidor infantil, sino que refuerza la reputación de las marcas y la credibilidad de todo el sector juguetero.