Una empresa británica imprime muñecos personalizados

La impresión en 3D: fabrica lo que quieras

  • 19 de Feb, 2013

La empresa británica Makielab ha conseguido la certificación CE para sus juguetes fabricados con impresoras 3D, por lo que cumplen todos los requisitos de seguridad para poder ser usados por niños de a partir de 3 años. La novedad está en este método de fabricación que permite diseños personalizados a precios competitivos (los Makies se venden por 99 libras, unos 130 euros).

De hecho, la impresión en 3D podría significar una revolución en muchos sectores, ya que permitirá que los fabricantes puedan adaptarse a las preferencias de cada uno de sus consumidores. El propio Barack Obama, presidente de Estados Unidos, afirmó durante el discurso del Estado de la Unión, que esta tecnología "tiene el potencial de revolucionar la forma en que hacemos casi todo".

Como si imprimiéramos en papel

Una impresora 3D es una máquina que permite pasar del diseño en el ordenador directamente a la pieza, superponiendo capas sucesivas de material. Hasta ahora se han utilizado sobre todo para crear prototipos y maquetas de plástico o resina en campos como la joyería, el calzado, el diseño industrial y la arquitectura, entre muchos otros, incluidos también los dentistas.

Por ejemplo, la impresión 3D se ha usado en la última película de James Bond para crear una reproducción a escala del Aston Martin del agente secreto y también para facilitar la tarea de la producción de películas stop motion. Y, en fin, un amante de las armas se ha llegado a fabricar un rifle de asalto, totalmente funcional y con un coste de 30 dólares en plástico. Las posibilidades asustan. Literalmente.

La ventaja de esta tecnología es que es más barata que otros métodos de fabricación, además de ser sencilla de utilizar. Asimismo, al permitir la fabricación directamente bajo demanda, no hay excedente ni prácticamente necesidades de almacenaje.

De la mesa del diseñador a casa
El funcionamiento de MakiesLab es un claro ejemplo de cómo podrá funcionar esta tecnología a medida que las empresas decidan llevar esta oferta al público general. El consumidor que quiera uno de estos muñecos no tiene más que ir escogiendo los rasgos que más le gustan para su juguete: los ojos, la nariz, la mandíbula, el cabello, las manos, los pies... La pieza se imprime en 3D y posteriormente se le añade la ropa.

Actualmente, la empresa envía el muñeco a casa, pero una vez la tecnología se simplifique (las impresoras 3D aún son caras y, obviamente, desprenden olor a plástico caliente), los consumidores podrían recoger en sólo unas pocas horas el producto deseado en cualquier tienda que cuente con uno de estos aparatos. Es decir, se podría fabricar el producto en la propia tienda del barrio, con el ahorro que esto supondría en almacenaje y envío para los fabricantes.

Por supuesto, esta tecnología no sólo se puede aplicar a muñecas, sino también a cualquier producto que se fabrique de resina o plástico. Uno de los sectores que se apunta como favorito es el de los muebles, que se imprimirían pieza a pieza para luego ser montados.

Los expertos incluso hablan de que en un futuro habrá impresoras en 3D personales, con lo cual podría darse el caso de que una juguetera, por ejemplo, sólo se dedique a vender diseños personalizables que nosotros fabricaríamos en casa.

No se trata de ciencia ficción: la tecnología existe desde hace años y presenta muchas posibilidades, al permitir el paso de lo digital a lo físico apretando un sólo botón. Cada vez será más común enviar a imprimir lo que queremos comprar.

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